3 de Marzo del 2026
Todos usamos nuestro llavero ya sea para abrir la puerta de nuestro hogar, para cortar la cinta de las cajas de empaque o para abrir la cerradura de algún compartimento secreto. Esta última semana yo cambié mi llavero por tercera vez del año, ya que había olvidado mis llaves dentro de mi casa y me quedé encerrada afuera, sin más remedio que pedir ayuda a un cerrajero.
Al esperar a que rompieran la cerradura y me permitieran entrar, visualicé mi llavero por primera vez. Traté de contar todas las llaves que había recolectado a lo largo del tiempo en un llavero verde militar. Era una colección de aros, todos resguardando un grupo de llaves destinadas a abrir ciertas cerraduras desde la caja fuerte de mi hogar, el llavero de mi almacén, hasta el cajón secreto escondido en mi escritorio.

Cuanto más contaba las llaves, más me di cuenta de aquellas que seguían atadas al llavero sin destino alguno. Verás, no soy alguien que acostumbra desechar las llaves viejas e inútiles. Soy alguien que se aferra a la idea de que alguna vez esas llaves de metal algún día me serán de uso, y que aquellas cerraduras que no recuerdo abrir, algún día se me revelarán. Pensar en la realidad de que alguna vez tuve las llaves de esas cerraduras y me deshice de ellas es un miedo que descubrí durante todo este proceso de cambiar la cerradura de mi casa.
Y a lo mejor será un miedo patético, pero no lo hace nulo.
Cuántas veces decidimos, por fin, tomar las riendas de nuestra vida y hacer el aseo anual, en el que sacamos todos los tiliches y abrimos todas las puertas y cajas perdidas. Ese es el momento en el que pienso. El momento en que se te presenta una puerta que habías perdido de vista y se te enfrenta cerrada, sin la llave con la que abrirla.
Pero este ejemplo es un poco drástico y lo entiendo. ¿Cómo es que uno olvida todas las puertas, cajas o compartimentos que necesita abrir? La verdad es que uno nunca los olvida. Si no, solo los pierde de vista. Inconscientemente nosotros siempre sabemos cuáles son las puertas que tenemos que abrir y cuáles son las cerraduras que tenemos que resguardar. Y ese proceso de selección y protección de lo que nos pertenece se vuelve cansancioso. Exigirnos que contabilizemos todas las llaves, todas las cerraduras y todas las puertas es como exigir al ser humano que contabilice todas las decisiones, buenas o malas, que haya tomado, cómo le afectaron y que lección aprendió de ellas.
El proceso es eterno.
Así que en vez de exigirnos un proceso de reflexión continuo, renunciamos a llevar un llavero que contiene las llaves de todas las épocas de nuestra vida. Y aunque poco a poco coleccionamos estas llaves y nuestro llavero se vuelve más pesado, ese peso es más fácil de enfrentar que el de nuestro pasado.
Pero si algo aprendí olvidando mis llaves esta semana adentro de mi casa, es la realidad de que en la vida uno tiene que darse cuenta de cuándo es tiempo de desechar las llaves viejas y cambiar las cerraduras.
Las llaves sin destino solo se vuelven peso muerto y las memorias que alguna vez desplomaron son recuerdos que deben quedar encerrados en el pasado. Ya que por más que uno trate de abrir la puerta de su casa con la llave original, jamás podrá abrirla si la cerradura de esa puerta se ha cambiado. En el pasado no se encuentran las enseñanzas. Se encuentran en el momento en que uno se da cuenta de que tiene que cambiar su cerradura, abrir una nueva puerta o olvidarse del viejo llavero.
Solo cuando encontremos la valentía de dejar ir a lo que un día tuvimos acceso, podremos abrir las puertas de nuestro verdadero hogar.
Atentamente,
Una Mexicana.
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